La paradoja de Antofagasta: Riqueza regional contrasta con más de 1.400 personas sin techo
El reciente Censo 2024 dejó al descubierto una realidad alarmante: 1.477 personas viven sin un techo en una de las zonas con mayor dinamismo económico de Chile. Aunque las bajas temperaturas invernales suelen poner el foco sobre este drama, los especialistas recalcan que se trata de una crisis permanente y profunda, gatillada por fallas estructurales y no por una emergencia climática pasajera.
Mitos desmentidos y el desgaste de la vida a la intemperie
A menudo, la opinión pública sostiene ideas erróneas sobre este grupo vulnerable. Respecto a esto, el trabajador social José Gómez Silva aclaró que “Muchos piensan que están allí por decisión propia o por falta de esfuerzo”. El especialista argumenta que el trasfondo real de estas personas está condicionado por trayectorias de desamparo, episodios de violencia, patologías psiquiátricas y el desvanecimiento total de sus lazos afectivos y comunitarios.
Este duro estilo de vida provoca consecuencias biológicas devastadoras. Ivanka Bonilla, quien se desempeña como jefa de Operación Social Territorio Antofagasta de Hogar de Cristo, alertó que quienes pernoctan en la vía pública sufren un envejecimiento prematuro que adelanta su reloj biológico entre 10 y 15 años en comparación con el resto de los ciudadanos. Este deterioro físico tan acelerado es el resultado directo de la desprotección constante, patologías crónicas que nunca reciben terapia y las severas barreras para conseguir asistencia médica a tiempo.
La gran contradicción del desarrollo económico
La abundancia regional coexiste con márgenes severos de marginalidad. Andrea Cox, directora de carrera del área de Ciencias Sociales de Santo Tomás Antofagasta, analizó este fenómeno y apuntó a la coexistencia de detonantes multidimensionales, entre los que destacan la escasez habitacional, la vulnerabilidad laboral, los flujos migratorios, las adicciones y la pobreza, concluyendo que: “Somos una región que genera mucha riqueza, pero al mismo tiempo hay personas que viven en condiciones extremas de exclusión”.
Por su parte, el seremi de Desarrollo Social y Familia, Carlos Figueroa, abordó las discrepancias entre las estadísticas del Censo y los catastros gubernamentales ordinarios. La autoridad detalló que la diferencia radica en las metodologías de medición: el Censo efectúa un rastreo en terreno, mientras que las bases de datos del ministerio registran mayoritariamente a los usuarios que ya interactúan con los programas estatales. Asimismo, la autoridad recordó que la red de apoyo actual incluye albergues de larga estadía, comedores o centros de día, las Rutas Protege y el Programa Calle.
Respuestas estructurales frente a la falta de espacio
Las fundaciones y agrupaciones civiles coinciden en que los parches temporales no bastan para mitigar un problema tan complejo. Desde el Hogar de Cristo recalcan que la solución definitiva exige planes a largo plazo enfocados en la reinserción en el mundo laboral, el acceso real a la vivienda, la rehabilitación de adicciones, el cuidado de la salud mental y la reconstrucción del tejido vecinal y familiar.
El déficit de infraestructura es crítico: los registros de la fundación muestran que en todo el país apenas existen 4.376 camas disponibles para pasar la noche, una cifra que apenas cubre el 20% de la demanda real y evidencia una brecha asistencial cercana al 80%.