Contaminación acústica y desechos ponen en peligro a ballenas que recorren Antofagasta

 Contaminación acústica y desechos ponen en peligro a ballenas que recorren Antofagasta

La costa de la Región de Antofagasta se ha transformado en uno de los principales corredores de ballenas y cetáceos del norte de Chile. La diversidad de especies que cruza estas aguas atrae a científicos y amantes de la naturaleza, aunque también plantea desafíos en materia de conservación y convivencia segura en el mar.

La ecóloga marina y académica de la Universidad de Antofagasta, Maritza Malebrán Jiménez —quien además dirige la Asociación Medioambiental Desierto Azul— advirtió, a través de Soychile, que, pese a los protocolos vigentes, estos gigantes marinos siguen enfrentando amenazas derivadas de la actividad humana.

Diversidad de cetáceos durante gran parte del año

Las aguas regionales albergan una amplia variedad de especies. Entre las más frecuentes destaca la ballena fin, observable prácticamente todo el año, junto con registros habituales de ballena jorobada. En menor proporción aparecen la ballena franca austral y la ballena azul, el animal más grande que ha existido en la Tierra.

También son comunes los delfines oscuros, los delfines nariz de botella y las marsopas espinosas, mientras que orcas, delfines de Risso y calderones de aleta corta suelen presentarse de forma estacional.

Sobre los períodos de mayor presencia, la investigadora explicó: “La mayor concentración de avistamientos se registra principalmente en invierno y luego a fines de la primavera e inicios del verano, coincidiendo con desplazamientos migratorios y condiciones óptimas para la alimentación. Esto, es posible determinarlo gracias a la información científica y por la Red de Avistamientos de Cetáceos de la Región de Antofagasta”.

Sectores clave para la alimentación de ballenas

Alta productividad marina en San Jorge y Mejillones

Malebrán destacó que áreas como la Bahía de San Jorge y la Península de Mejillones resultan especialmente atractivas para los cetáceos debido a la intensa productividad del océano, impulsada por la surgencia de la corriente de Humboldt. Este proceso hace emerger aguas frías cargadas de nutrientes, favoreciendo el desarrollo del fitoplancton y, con ello, de toda la cadena alimentaria.

En ese contexto, precisó: “Esto genera una gran abundancia de krill y anchoveta, que son alimentos clave para las ballenas. Por eso, Antofagasta funciona principalmente como una zona de alimentación, donde las ballenas recargan energía antes de continuar sus largas rutas migratorias. Si bien no se trata de un área de reproducción, cumple un rol ecológico fundamental dentro del corredor migratorio del Pacífico Sudoriental”.

Reglas básicas para navegantes y pescadores

Mantener distancia y reducir velocidad

Frente al aumento de encuentros con estos animales, la especialista insistió en la necesidad de actuar con cautela, sobre todo en embarcaciones artesanales, recreativas o turísticas.

“Si una ballena aparece de forma sorpresiva, lo principal es mantener la calma, reducir la velocidad y navegar de manera predecible. Si el animal está muy cerca, se recomienda poner el motor en neutro y dejar que sea la ballena la que se aleje”, indicó al citado medio, recordando que la normativa exige una distancia mínima de 100 metros.

Acercarse demasiado puede estresar a los animales, alterar sus desplazamientos y generar accidentes por movimientos repentinos, como golpes con la cola o las aletas.

Señales en el mar y prevención de enmallamientos

Antes de divisar directamente a un cetáceo, existen indicios que pueden alertar a los navegantes: concentraciones de aves alimentándose, remolinos persistentes o los característicos soplidos visibles desde lejos. Reconocer estas señales permite disminuir la velocidad y evitar colisiones.

La investigadora también subrayó la responsabilidad de los pescadores en reducir el riesgo de enmallamientos, recomendando mantener en buen estado redes y cabos, retirar los artes cuando no estén en uso y reportar pérdidas, ya que el denominado “arte fantasma” continúa atrapando fauna por años.

En caso de encontrar un animal herido o varado, la instrucción es clara: no intervenir directamente y contactar a SERNAPESCA y a la Autoridad Marítima con la ubicación precisa. Al respecto, advirtió: “Aunque la intención sea ayudar, una intervención inadecuada puede causar más daño y poner en riesgo a las personas”.

Ruido y contaminación: peligros invisibles

Impacto del sonido bajo el agua

Malebrán alertó además sobre los efectos del ruido submarino, señalando: “Los cetáceos viven en un mundo dominado por el sonido. El ruido de motores puede interferir en su comunicación, orientación y alimentación, generándoles estrés y obligándolos a abandonar zonas importantes”.

En cuanto a la basura marina, recordó que plásticos y restos de redes pueden provocar obstrucciones digestivas, atrapamientos e incluso la muerte de los animales. “Cuidar el mar es una responsabilidad compartida. La presencia de ballenas en nuestras costas es un privilegio, pero también un llamado a protegerlas”, concluyó la académica.

Cabe consignar que las fotografías utilizadas en la nota corresponden al fotógrafo profesional Alex Sánchez y a Constanza Figueroa Bustamante, integrante de la Red de Avistamientos de Cetáceos.

Foto: Alex Sánchez.